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25/08/2026

¿Y si te preguntaran quién eres, sabrías qué decir?

¿Y si te preguntaran quién eres, sabrías qué decir?

A veces estamos tan ocupados viviendo nuestra vida que olvidamos estar presentes en ella.

Si alguien se acercara ahora mismo y te preguntara:

—¿Quién eres?

¿Qué responderías?

Probablemente dirías tu nombre.

Tal vez hablarías de tu trabajo, de tus hijos, de tu profesión, de lo que estudias, de tu pareja, de las cosas que haces o de las responsabilidades que tienes.

Y todo eso es parte de ti.

Pero… ¿eres solamente eso?

Vivimos haciendo Nos levantamos. Llevamos a los niños al colegio. Vamos al trabajo. Estudiamos. Preparamos la comida. Limpiamos. Resolvemos pendientes. Contestamos mensajes. Hacemos compras. Pagamos cuentas.

Y cuando terminamos con nuestras obligaciones, también intentamos vivir.

Salimos con nuestros amigos. Compartimos con nuestra pareja. Comemos algo rico. Nos tomamos una cerveza. Vamos a la playa. Visitamos el río. Nos divertimos.

Incluso hacemos espacio para cuidarnos: caminamos, corremos, vamos al gimnasio, intentamos comer mejor.

Y no está mal. Al contrario.

Cumplir con nuestras responsabilidades, trabajar por nuestros sueños, cuidar a quienes amamos y buscar momentos de diversión también forma parte de una vida plena.

Pero hay algo que quizá estamos pasando por alto.

Porque podemos estar haciendo muchísimas cosas y, aun así, sentir que algo falta.

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¿Te ha pasado?

Ese momento extraño en el que miras hacia atrás y piensas:

¿En qué momento pasó tanto tiempo?

Hay personas que sienten que los días están pasando demasiado rápido.

Otras sienten que el tiempo simplemente sigue su curso, como siempre.

Pero quizá la pregunta más importante no sea qué tan rápido está pasando el tiempo.

Quizá sea:

¿Estamos realmente presentes mientras pasa?

Porque hay una diferencia enorme entre vivir muchas cosas y sentir que estamos viviendo.

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Vamos tan rápido que dejamos de notar lo que tenemos delante

Piensa en algo tan sencillo como salir a caminar.

Tal vez sales porque quieres ejercitarte. Te pones los tenis, colocas tus audífonos y comienzas.

Caminas. Corres.

Miras el reloj. Revisas la distancia. Piensas en cuántos kilómetros llevas. En cuánto te falta. En qué tienes que hacer después.

Y llegas a casa.

Pero…

¿Sentiste el viento? ¿Notaste cómo estaba el cielo? ¿Te diste cuenta de que esos tenis que llevabas puestos son los mismos que alguien te regaló con cariño?

Quizá sí.

Quizá no.

Y eso también nos pasa con un café.

Lo preparamos. Lo servimos. Lo tomamos. Seguimos.

Pero…

¿Lo disfrutaste realmente? ¿Sentiste su aroma? ¿Notaste que estaba especialmente bueno? ¿Te sentaste a tomarlo o simplemente lo bebiste de un sorbo mientras hacías otra cosa?

Y pasa algo todavía más importante.

Tu hija llega del colegio. Tiene algo que contarte. Está emocionada. Quizá quiere contarte que le fue muy bien en una asignatura. O que ocurrió algo gracioso. O que una compañera la empujó. O simplemente quiere contarte una de esas pequeñas cosas que para ella, en ese momento, significan muchísimo.

Y tú estás haciendo algo. Contestando un mensaje. Terminando un trabajo. Preparando la cena. Resolviendo cualquier otra cosa. Entonces dices:

—Espera, estoy ocupada.

Y ella espera.

Pero quizá después ya no vuelva a contártelo con la misma emoción.

No porque hayas hecho algo malo. No porque no la ames. Sino porque estábamos ahí… sin estar realmente ahí.

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Hay cosas que no cuestan nada

Lo curioso es que muchas de las cosas que más necesitamos no están detrás de una pantalla, no cuestan dinero y tampoco requieren que tengamos más tiempo.

Están ahí.

Una conversación sin mirar el teléfono.

Una caminata sin pensar solamente en la distancia.

Un café tomado despacio.

Una carcajada que no estaba planeada.

Un abrazo que dura unos segundos más.

Mirar a alguien mientras te habla.

Sentarte a contemplar el atardecer.

Escuchar una canción sin hacer otra cosa al mismo tiempo.

Preguntar:

“¿Y después qué pasó?”

Y quedarte para escuchar la respuesta.

Son pequeñas cosas.

Tan pequeñas que muchas veces ni siquiera las consideramos importantes.

Hasta que un día descubrimos que eran ellas las que estaban haciendo importante nuestra vida.

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Quizá no necesitamos hacer más Nos han enseñado a aprovechar el tiempo. A ser productivos. A avanzar. A alcanzar metas. A no detenernos.

Y todo eso puede tener su lugar.

Pero quizá, en algún momento, confundimos aprovechar el tiempo con llenarlo todo.

Y no es lo mismo.

Porque una agenda llena no necesariamente significa una vida llena.

Podemos tener cientos de cosas pendientes y sentirnos vacíos.

Podemos tener una semana llena de actividades y no recordar prácticamente ningún momento de ella.

Podemos estar rodeados de personas y sentirnos solos.

Y también podemos estar haciendo algo aparentemente insignificante y sentir, por unos segundos, que estamos exactamente donde queremos estar.

Tal vez no siempre necesitamos hacer más.

Tal vez necesitamos sentir más lo que ya estamos haciendo.

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Entonces… ¿quién eres?

Quizá esta pregunta merece una respuesta diferente.

No solamente eres tu trabajo.

No eres únicamente la madre, el padre, la pareja, el hijo, el estudiante o el profesional.

No eres la cantidad de cosas que lograste esta semana.

Ni la cantidad de pendientes que pudiste tachar de una lista.

Eres también esa persona que se ríe cuando algo le hace gracia.

La que necesita un abrazo.

La que disfruta determinado olor.

La que todavía se emociona con ciertas canciones.

La que tiene sueños que quizá nadie conoce.

La que guarda recuerdos.

La que necesita descansar.

La que a veces dice “estoy bien” aunque no sepa muy bien cómo explicar lo que siente.

Eres todo eso que existe debajo de las cosas que haces.

Y quizá llevas demasiado tiempo sin preguntarte cómo está esa persona.

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Hoy, prueba algo diferente

No tienes que cambiar tu vida.

No tienes que abandonar tus responsabilidades.

No tienes que hacer una lista de veinte cosas nuevas.

Solo prueba algo sencillo.

La próxima vez que alguien te hable, escúchalo de verdad.

Cuando tomes tu café, tómalo despacio.

Cuando salgas a caminar, mira alrededor.

Cuando alguien que amas te cuente algo aparentemente insignificante, pregúntale:

“¿Y qué pasó después?”

Y cuando llegue la noche, antes de pensar en todo lo que te faltó por hacer, pregúntate:

¿Qué momento de hoy realmente viví?

Quizá descubras que hubo más de los que imaginabas.

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Porque la vida no siempre nos pide que corramos más.

A veces nos pide que miremos.

Que sintamos.

Que escuchemos.

Que estemos.

Porque hay momentos que no regresan.

Conversaciones que ocurren una sola vez.

Abrazos que no sabemos que serán los últimos.

Atardeceres que no vuelven a verse exactamente igual.

Y personas que quizá solo necesitaban que, por un momento, dejáramos todo lo demás a un lado para decirles:

“Te escucho.”

Tal vez no se trata de encontrar más tiempo.

Tal vez se trata de volver a estar presentes en el tiempo que ya tenemos.

Y quizá, cuando alguien vuelva a preguntarte quién eres, puedas responder algo más que tu nombre, tu profesión o tus responsabilidades.

Quizá puedas decir:

“Soy alguien que está aprendiendo a estar presente en su propia vida.”

Y eso…

también es una forma de escucharte.

— Geslie Escúchame 💜

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